El caso de la piscina voladora

Los cuentos de Mulligan



Los cuentos de Mulligan - El caso de la piscina voladora


Mientras caminaba agachado por el húmedo sótano, James Mulligan se preguntó por enésima vez qué estaba haciendo allí. El calor era asfixiante, la ropa se adhería a la piel y además la altura era angustiosamente reducida. La figura de Mulligan era espigada y sus 191 centímetros representaban un problema en los espacios de escaso tamaño. James seguía los pasos del profesor Sunday Lawrence que, a su vez, repetía el cansino caminar del encargado de mantenimiento empuñando su linterna. Cada vez hacía más calor y la humedad comenzaba a resultar insoportable. Parecía increíble que en el exterior la temperatura rondara los cero grados. “Ni frío ni calor”, masculló irónicamente el encargado mientras su perfil aguileño se proyectaba en los muros del sótano.


Dos meses antes James recibió el certificado que le acreditaba como Ingeniero de Estructuras. Conoció al profesor Lawrence cuando comenzó a preparar su proyecto fin de carrera. Jay Towers le comentó que era la persona que más y mejor podía ayudarle. Y efectivamente así fue. Una vez que James concluyó la carrera, Lawrence le ofreció incorporarse a su oficina. Resultaba un estimulador comienzo para la carrera profesional del nuevo ingeniero.


Jay Towers también era profesor; de hecho fue él quien cambió para siempre la perspectiva de James sobre lo que estaba estudiando. En la Escuela le enseñaban a derivar, a integrar, a llenar pizarras y pizarras de largos y tediosos procesos matemáticos. Towers le abrió las puertas a un mundo nuevo: Gestalt, Bauhaus, Wright, Le Corbusier, Maillart, Rice, etc. También hablaba de integrales y de condensaciones estáticas, pero siempre desde una perspectiva diferente; resultaba otra manera de entender la ingeniería. James Mulligan comenzó a percibir que su carrera académica podía significar algo más que un mero título para colgar en su futuro despacho. Y empezó a disfrutarla; de una forma muy primaria y básica todavía, pero se dio cuenta de que algo había cambiado en su forma de experimentar lo que le rodeaba.


Los primeros trabajos en la oficina de Lawrence fueron, como era lógico, poco emocionantes. Generalmente se limitaban a los chequeos de unos cuantos cálculos de tableros prefabricados y, como mucho, a la preparación de alguna prueba de carga estática. Pero una mañana de noviembre ocurrió algo inesperado. James se encontraba frente al ordenador repasando unos números cuando sonó el teléfono del despacho. Era Little Tin, el delineante que habitualmente contestaba las llamadas.


- James… Llaman del Ayuntamiento de Kingston. Quieren hablar urgentemente con Sunday pero está en la Escuela, y me piden poder hablar con alguien que trabaje con él. ¿Te lo paso?

- Bueno… No sé si voy a poder ayudarle… En fin, pásamelo, ya hablo con él.

James comenzó a sudar. Sólo podía pensar en cómo evitar que su próximo interlocutor telefónico se percatara de su extrema falta de experiencia.

- Hola, buenos días. Soy Julius Peterson, el aparejador municipal de Kingston ¿Con quién hablo?

- Buenos días. Soy James Mulligan.

- Mucho gusto. Mire, quería hablar con el profesor Lawrence pero, como me han comentado que está en clase, me gustaría contarle lo que nos ocurre.

- Adelante, le escucho –contestó James-.

- Tenemos un problema en el edificio de la piscina cubierta. Concretamente en la playa del vaso pequeño. Ha aparecido una gran fisura rodeando toda la piscina pequeña y estoy muy preocupado al respecto. Parece que se haya despegado del suelo, como si quisiera volar… Me gustaría que vinieran a inspeccionarla puesto que desconocemos completamente su gravedad. Y ya sabe usted que, sobre todo en estos casos, lo primero es la seguridad. Si hace falta decidir que el edificio se debe cerrar al público, se cerrará; pero previamente es necesario que ustedes lo analicen.

- Claro, claro, por supuesto –James pensó que el aparejador pecaba de tremendista. Seguro que no era tan grave-. No se preocupe, en cuanto venga el profesor Lawrence se lo comunicaré e iremos tan pronto como encontremos un hueco. Le llamaré para confirmarlo.

- Se lo agradezco mucho –respondió Peterson-. Sólo les pido la máxima urgencia porque le repito que desconocemos la gravedad del problema.

- Perfectamente entendido. Así se lo expresaré al profesor.

- Muy bien, un saludo entonces y espero su llamada

- De acuerdo, adiós y buenos días –dijo James colgando el teléfono-.

En cuanto terminó la breve conversación James comenzó a dar vueltas al asunto. No parecía tan peligroso como el aparejador quería aparentar.

- ¿Una fisura en un forjado? ¡¡Qué asunto tan grave!! -Ironizó James-.


Intuyó que seguramente habría asentado algún pilar del edificio y al arrastrar al forjado se habría fisurado en alguna zona. De todas formas el aparejador había remarcado claramente que la fisura se localizaba alrededor del vaso pequeño. Ese “alrededor” sí que resultaba extraño. En fin, seguro que había exagerado. Al fin y al cabo, pensó, es posible que existiera algún indicio más que no hubieran sabido interpretar correctamente. Seguro que se le ocurría algo a Sunday.


Sunday Lawrence era el profesor de hormigón de la Escuela de St. Andrew. En las votaciones que efectuaban los alumnos para decidir cuáles eran las peores clases, las suyas siempre solían aparecer entre las destacadas. Y seguramente era cierto. Siempre se ha dicho que el mejor profesor para los alumnos es aquel que ha debido realizar un mayor esfuerzo para entender la asignatura que imparte. Evidentemente no era al caso de Sunday. Ni le suponía mucho esfuerzo entender cómo funcionaba el hormigón, ni comprendía cómo al resto de mortales le podía parecer complicado. De hecho cuando Jay Towers dijo que el profesor ideal era Lawrence, James no daba crédito a lo que oía.


- Hazme caso. Imagino perfectamente lo que piensas. Pero hazme caso –decía Towers-.

Y James, con ciertos reparos, siguió sus indicaciones al pie de la letra.

Cuando le contó la conversación a Sunday inmediatamente planearon el viaje a Kingston para el día siguiente.

- No creo que sea simplemente el asiento de algún pilar –dijo el profesor Lawrence-. En todo caso habrá sido un asentamiento generalizado en una zona bastante amplia. Tenemos que ir enseguida a verlo porque tiene mala pinta. Si el asiento es tan generalizado como parece, y además se sigue produciendo, habría que cerrar inmediatamente el edificio. Llama al aparejador y dile que estaremos allí mañana por la tarde.

- De acuerdo, ahora le llamo –respondió James-.


Al día siguiente Sunday y James viajaron en coche hasta Kingston. Habían quedado con Julius Peterson en la puerta del edificio de la piscina. Y allí estaba. Todo el mundo había sido extremadamente puntual. Se notaba que el asunto no era baladí en absoluto.


- Me alegro de verle de nuevo Profesor Lawrence. Gracias por venir tan rápidamente, y mucho más en un día tan frío como éste.

- Nada que agradecer Julius. El viaje ha sido un paseo; menos mal que no había ninguna placa de hielo en la carretera... Además la cuestión merece rapidez de respuesta. Un problema así en un edificio público siempre debe ser examinado lo antes posible. Lo más seguro es que no sea nada importante, pero no merece la pena arriesgarse. Te presento a James Mulligan, con el que creo que hablaste por teléfono el otro día, un ingeniero recién incorporado a la empresa que me va a ayudar en este asunto.

- Encantado –dijo Julius Peterson-. Yo también os presento a Frank Flaherty, el encargado de mantenimiento de las piscinas, que es la persona que mejor nos podrá relatar todo lo que ha sucedido y quien podrá resolver cualquier duda sobre el edificio.


Una vez que todo el mundo fue presentado comenzaron la visita al edificio. Resultaba una estructura muy común: muros de hormigón armado, una cubierta resuelta con grandes vigas de madera laminada, una fila de pilares circulares intermedios y una geometría en planta nada rebuscada. Era un buen comienzo, cuanto más complicada es una estructura más difícil es entender los síntomas de la enfermedad. Y esta visita era justamente eso, detectar la enfermedad del edificio a partir de los indicios evidentes, es decir, a partir de su patología.


La planta del edificio era básicamente trapezoidal; en la zona adyacente a la base mayor del trapecio se encontraban los vestuarios y en un segundo nivel, exclusivamente sobre la zona de vestuarios, la cafetería. El resto del espacio era diáfano y ahí se encontraban los vasos de las piscinas. El vaso mayor presentaba una dimensión de veinticinco metros, una anchura de seis calles y una profundidad máxima de tres metros. Por otro lado, el vaso pequeño tenía unas medidas aproximadas de 10x4 y una profundidad de 1 metro.


El grupo se encaminó directamente hacia el vaso pequeño. Y ahí estaba: Una preciosa… ¿Fisura? James pensó que el aparejador se había quedado corto en su somera descripción telefónica.


- Definitivamente esto puede ser cualquier cosa menos una fisura –comentó James al oído de Sunday-.

- Bien, aquí tenemos la fisura, grieta o como queráis llamarlo –exclamó Flaherty-.

- Sí, esto es algo más que una simple fisura –respondió Sunday-. Además fijaros que entre las dos zonas que delimita la línea de rotura existe una diferencia acusada de nivel, un escalón en toda regla.


Efectivamente, la grieta rodeaba de forma prácticamente concéntrica todo el vaso pequeño y dibujaba una línea bastante regular a través del solado de la playa de acceso al vaso. Los labios o bordes de la grieta, además, presentaban una diferencia de cota apreciable entre ellos, cerca del centímetro.


Sunday explicó que debían revisar bien todo el edificio para ver si existía alguna patología más. En principio parecía evidente que se había desarrollado algún tipo de asiento en la cimentación del edificio. Si tal planteamiento era correcto algún elemento estructural más debía estar afectado. Y lo lógico era pensar que ese asiento se había producido en las inmediaciones del vaso pequeño.


- Vamos a echar un vistazo por aquí a ver si encontramos algo. Flaherty, ¿sabes si existe algún problema en alguna otra parte?

- No, no. Absolutamente nada –respondió el encargado-. Lo que sí puedo decir es que esta grieta apareció de repente. Sí que es cierto que alguien dijo un día que había como una fisurilla en esta zona e inmediatamente me acerqué a verla. Pero era un pelo, ni había nada roto, ni nada que hiciera pensar que se iba a romper. Y al día siguiente, que coincidió justamente con el momento de vaciado de las piscinas para limpiar los vasos, apareció la rotura, y seguidamente empezó a notarse el escalón. Pero ya les digo que todo esto ha sucedido en las últimas dos semanas.

- Bueno –añadió Sunday-, esas cosas siempre ocurren con los embaldosados. Las baldosas son tremendamente frágiles y nunca avisan. De hecho sí que es posible que la losa estuviera apuntando una fisura y que el solado superior no la marcara. Y en cuanto el hormigón falló las baldosas se agrietaron instantáneamente. En fin, vamos a mirar el resto del edificio a ver si encontramos algo.


El grupo comenzó a revisar los muros adyacentes al vaso pequeño, la carpintería metálica de las ventanas de los muros, luego las vigas de cubierta, los pilares intermedios... Nada. Todo estaba perfectamente. Si se hubiera producido algún movimiento en alguna otra parte del edificio tendría que haber aparecido algún problema: el cristal de una ventana que se rajaba, alguna fisurilla en el alicatado de los muros, una deformación de las vigas de cubierta, algún indicio en el vaso grande… Pero no había nada, absolutamente nada. Sólo la grieta alrededor del vaso de chapoteo. Sunday volvió a hablar.


- Curioso. Parece que, sea lo que sea, sólo ha afectado a la zona de la piscina pequeña. Me gustaría preguntaros algo. ¿Sabéis cómo es la cimentación del edificio?

- Es una losa corrida para todo el edificio – respondió Peterson-.

- Si efectivamente es una losa común para todo el edificio, es extraño que la deformación en una zona sea tan poco gradual para crear una grieta así –argumentó James Mulligan mirando a Sunday-. Lo que quiero decir es que cualquier asiento localizado bajo la losa está controlado parcialmente por ella. No debería existir ese escalón tan pronunciado.

- Tienes razón James –respondió Sunday-. Esto no encaja.

Frank Flaherty intervino en la conversación.

- No es del todo exacto que sea una losa de cimentación única para todo el edificio. En las dos zonas bajo los vasos se construyeron unos zunchos perimetrales en los que acababa la losa. Y luego el fondo de cada vaso se resolvió de forma diferente.

- Tienes razón Frank, ahora lo recuerdo –añadió Peterson-. Y también recuerdo que, efectivamente, la solución del apoyo de cada vaso fue diferente. Para el vaso grande la constructora planteó una serie de pilares y en el vaso pequeño prefirieron la ejecución de unos muros perimetrales y rellenar la zona bajo la piscina.


En ese momento Sunday solicitó que la visita se dirigiera hacia el sótano. Quería ver cómo se habían resuelto esos apoyos de cada uno de los dos vasos. James ya no sabía si tenía frío o calor pero tenía interés en averiguar qué teoría estaba elucubrando Sunday. Las ideas de Lawrence siempre le sorprendían. Estaba claro que el profesor creía que el problema debía estar en la cimentación. De hecho James también pensaba que la grieta del forjado era debida a que la cimentación del vaso pequeño había debido fallar. Pero, de acuerdo a su planteamiento, había tres circunstancias que no cuadraban:


- El escalón que definía la grieta del forjado era contrario a la hipótesis de James. Es decir, la zona del propio vaso tenía más cota que el resto del forjado del edificio. Si el terreno hubiera fallado, la zona del vaso debía estar más baja que la zona adyacente.

- Resultaba una grieta demasiado localizada para ser una rotura por flexión o por cortante. Si el vaso de chapoteo se estaba colgando del resto del forjado debía fallar precisamente por esos esfuerzos, es decir por flexión o por cortante. Pero la forma de la grieta, concéntrica al vaso, no parecía corresponder.

- Si realmente había un fallo de cimentación no tenía sentido que fuera en una zona tan extremadamente localizada… Y que el resto del edificio no se enterase.

James agachó la cabeza para entrar en la galería inferior. La altura libre del sótano era muy reducida y prácticamente no había luz. El calor húmedo resultaba insoportable y el olor a cloro no ayudaba precisamente. El grupo de cuatro desfilaba por los pasillos con gesto cansino. El vaivén de la linterna de Flaherty arrojaba sombras siniestras sobre los muros y pilares que delimitaban las zonas de los pasillos que transitaban. En ese momento James recordó la voz ronca de Mark Knopfler acariciando las cuerdas de su guitarra:

It’s a mistery to me - the game commences

for the usual fee - plus expenses…


La peculiar cuadrilla siguió caminando hasta encontrar la parte inferior del vaso grande. Como había dicho Peterson, a lo largo del perímetro de la piscina se habían construido unos pequeños muretes, con una altura de unos 50 centímetros respecto al suelo de la galería, y sobre ellos se disponían pilares cada 3 metros aproximadamente. En la zona bajo el vaso se repetía la colocación de pilares en una retícula aproximada de 3x3 metros. No se apreciaba absolutamente nada. Ninguna fisura, ningún movimiento, ni siquiera se veía una mínima fuga de agua del vaso. James había supuesto que quizás una fuga localizada de agua podía haber tenido algo que ver con el asunto. Desde luego en el vaso grande no había nada… Pero quizás pudieran ver algo en el vaso pequeño.


Después de que Sunday Lawrence examinara concienzudamente toda la zona inferior de la piscina grande, y tras cerciorarse de que no había ningún indicio de fallo, instó a Flaherty a que dirigiera al grupo hacia el vaso de chapoteo.

El grupo reinició la marcha a través de los angostos corredores. Y James seguía tarareando los versos de sus admirados Dire Straits.

This is my investigation – it’s not a public inquiry

I go checking out the reports – digging up the dirt

You get to meet all sorts in this line of work…


Al contrario que en el vaso grande, todo el perímetro de la piscina pequeña estaba cerrado por un muro que llegaba hasta el techo de los pasillos. Tampoco había nada que ver. El muro no reflejaba ningún fallo. No había manchas en la superficie, no se apreciaban indicios de corrosión de armaduras internas, no había fisuras… Nada que ver.


Después de recorrer todo el muro perimetral el profesor Lawrence tomó la palabra.

- Comentabais antes que el apoyo de los vasos se realizó de forma diferente. Hemos visto que la piscina grande descansaba en una retícula de pilares. Y sospecho que éste se apoya directamente sobre algún relleno colocado en la excavación; porque la altura de este sótano es bastante mayor que la profundidad de la piscina pequeña. ¿Recordáis si el relleno que, con toda seguridad, existe entre esos muros perimetrales presentaba alguna particularidad?

- No hubo nada peculiar. Para todos los rellenos localizados que se necesitan por aquí utilizamos las escorias siderúrgicas de la fábrica de Kingston. Siempre han dado muy buen resultado y nunca ha habido ningún problema con ellas. –contestó Peterson-.

- ¡Cierto, cierto! No recordaba que hay una acería en Kingston. O sea que se emplearon escorias de acería en el relleno… Interesante.

James Mulligan interrumpió la reflexión de Sunday.

- Sería interesante poder extraer una muestra del relleno y ensayarla en el laboratorio.

- Buena idea James. Si os parece adecuado –dijo Sunday mirando a Peterson y Flaherty- nos pondremos en contacto con algún laboratorio para que se acerque y tome una muestra del relleno. Evidentemente habrá que hacer un agujero en el muro o sea que os avisaremos acerca de la fecha en la que ellos puedan venir. Lo que sí os pido es que no hagáis la perforación en el muro hasta que ellos lleguen. Podría arrojar algún indicio. Por supuesto que habrá que esperar a los resultados de los ensayos… Pero me imagino que en cuanto abramos el muro confirmaremos la idea que tengo en la cabeza.


Mientras James se percataba de que Sunday ya sabía perfectamente lo que ocurría, Flaherty exclamó:

- ¡Pero si no hemos visto nada!

- Bueno, no adelantemos acontecimientos –añadió Sunday-. Llamaremos al laboratorio, practicaremos la perforación en el muro y extraeremos la muestra. Ya procuraremos que se den prisa con los resultados. ¿Os parece bien?

- Perfecto – respondió Peterson-. A ver si descubrimos cuanto antes lo que ocurre.

James Mulligan sabía que Sunday Lawrence ya tenía la respuesta. El laboratorio sólo iba a significar la confirmación, pero ni siquiera necesitaba los resultados del ensayo. James estaba algo molesto. Algo se le tenía que haber escapado, algún dato, algún indicio… Algo en lo que él no había reparado y que le había servido al profesor para llegar a alguna conclusión.

Treachery and treason – there’s always an excuse for it

And when I find the reason I still can’t get used to it…


Sunday y James abandonaron Kingston en dirección a St. Andrew. Ya era muy tarde y estaban muy cansados, sin embargo James no pudo reprimirse y rápidamente preguntó a su compañero de viaje.

- ¿Ya sabes qué ha pasado, no?

- Estoy casi seguro de lo que ha ocurrido, pero hasta que no sepamos los resultados de los ensayos no lo conoceremos con certeza.

- Sí, sí. Los resultados llegarán pero… Tú ya estás seguro. – añadió James-. No te hagas el interesante y cuéntame.

- Bueno, tú deberías ser el que me contara una teoría. Al fin y al cabo los dos hemos visto lo mismo y a los dos nos han dado la misma información. ¿A ti qué te parece?

James le contó a Sunday su planteamiento, y también señaló que, de todas formas, era consciente de que había tres cuestiones que no terminaban de encajar. Lawrence, después de escucharle atentamente, contestó a James.

- Buen planteamiento James. Estás muy cerca de la solución. Pero has obviado tener en cuenta dos circunstancias. La primera es la forma de la grieta en la playa de acceso al vaso pequeño. ¿A ti te parece que responde a alguna de las que hablábamos en clase?

- Pues sí, la verdad es que nada más verla me parecía una rotura típica de punzonamiento… ¡Pero no puede ser!

- ¿Y por qué no? Si ves indicios tan claros no hay que eliminarlos sin más porque parezca difícil que puedan producirse. Hay que estar completamente seguro de que algo no puede ser – argumentó Sunday-. Y la segunda cuestión... En la asignatura de materiales habréis estudiado algo acerca de las escorias siderúrgicas...

James asintió con la cabeza y el profesor Lawrence prosiguió su argumentación.

- Imagino que habréis hablado de otro tipo de escorias pero el concepto es semejante. En la fabricación del acero se generan una serie de residuos que se intentan aprovechar para muchas cosas, en concreto como material de relleno bajo determinadas condiciones. En carreteras por ejemplo se deben cumplir una serie de cuestiones para que puedan ser utilizadas. ¿No te parece que esas escorias de acería, que nos han dicho que habían utilizado, pueden tener algo que ver en lo que ha ocurrido?

- He pensado en ello –contestó James- pero como rápidamente han comentado que lo habían utilizado en muchas otras ocasiones y no habían dado problemas… Pues he creído que no sería importante.

- ¿Tú crees que habrán utilizado en muchas situaciones esas escorias bajo esas condiciones ambientales? –preguntó Sunday-.

- ¿A qué te refieres? –exclamó el inquieto discípulo-.

- Piénsalo –respondió Sunday, comenzando a adoptar un tono de explicación docente-. Factor 1: Disponemos de unas escorias de acería que seguramente no estaban debidamente estabilizadas desde un punto de vista químico; es decir, que no había pasado mucho tiempo desde su generación. Factor 2: Existe un confinamiento total del volumen del relleno de escorias. Por debajo, la excavación con sustrato debidamente competente y relativamente impermeable. Perimetralmente, los muros de hormigón armado sobre los zunchos extremos de la losa de cimentación. Y sobre el relleno, la losa inferior del vaso pequeño. Factor 3: Condiciones ambientales extremadamente agresivas. Una temperatura permanentemente cálida y, sobre todo, una humedad altísima en cualquier momento. ¿Qué te parece?


James reflexionó un instante mirando a través de la ventanilla… Repasó mentalmente todo lo que había visto mientras desmenuzaba lo que le había dicho Sunday Lawrence. Y, de repente, volvió a hablar.


- ¿Estás pensando que el relleno de escorias ha podido aumentar de volumen y ha sido capaz de generar el suficiente empuje vertical para romper el forjado de las playas? Ha tenido que equilibrar el peso del agua del vaso y además romper el forjado… Me parece algo demasiado rebuscado.

- Dependiendo del grado de estabilidad química de esas escorias no creas que sería descabellado –contestó Sunday-. El relleno expansivo empujaba hacia arriba, marcó la fisura y, en cuanto vaciaron el vaso, se creo la grieta. De hecho el volumen de agua estaba contrarrestando gran parte de ese empuje. ¿No recuerdas que el encargado comentó que la grieta apareció definitivamente poco después de vaciar la piscina?

James recordó el comentario de Flaherty. No daba crédito a lo que estaba escuchando. ¿Cuándo se había visto que un relleno tan localizado como ése fuera capaz de romper una losa de hormigón? Aunque claro, él tampoco tenía ninguna experiencia para saber si aquello podía ser posible.

- ¡Me parece increíble! –comentó James mirando de nuevo por la ventanilla-.

- Seguramente esto no volverá a ocurrirte en toda tu vida profesional –añadió Sunday-. Lo importante es que este tipo de curiosidades ayude a que tengas un planteamiento muy abierto cuando te enfrentes a cualquier situación de análisis de patologías. Todo es posible y puede haber múltiples interpretaciones. Lo que intuyas puede ser perfectamente plausible o puede resultar imposible en función de las condiciones de contorno que existan. En fin, en este caso vamos a esperar los resultados de los ensayos pero todo parece apuntar a lo que hemos comentado.

Permanecieron ambos en silencio durante unos segundos. El paisaje se diluía lentamente tras el velo de fina lluvia que comenzaba a caer. James se sentía raro, con una cierta sensación agridulce. No había sido capaz de percatarse de los detalles que le había explicado Sunday. Había estado allí pero no había visto lo importante. La voz del profesor Lawrence interrumpió sus cavilaciones.

- Tranquilo James. No le des demasiada importancia a este asunto; estás empezando. Ya tendrás tiempo de pensar en todas estas cosas a su debido momento. Tu planteamiento ha sido muy bueno; simplemente te faltaba encajar un par de piezas. Todo llegará; no tengas prisa.

La mano del profesor se dirigió a la radio del coche y apareció Mark, siempre Mark.

And what have you got for the end of the day?

A bottle of whisky and a set of lies

blinds on the window and a pain behind the eyes…


James Mulligan pensó que era una canción muy apropiada para un día así. No estaba mal recrearse en los acordes de esa guitarra acústica mientras digería todo lo que había sucedido.

Scarred for Life – No compensation

Private Investigations.


Y siguieron conduciendo hasta llegar a St. Andrew mientras los últimos destellos luminosos desaparecían lentamente en el horizonte lluvioso.

Epílogo

Sunday Lawrence contactó con un laboratorio de materiales que acordó una visita a Kingston para la extracción de la muestra. La gente del laboratorio relató a James que cuando perforaron el muro para acceder a la zona de relleno salió del interior un fuerte e intenso olor, parecido al amoniaco. Tuvieron que colocarse unas mascarillas para poder acceder al interior y extraer la muestra.


Se practicaron varias pruebas sobre el material recogido. Todo parecía normal hasta que se efectuó el ensayo de hinchamiento. Como había intuido el profesor Lawrence el resultado arrojó una tremenda tendencia a la expansividad. Después de una semana de ensayo, y bajo condiciones ambientales aceleradas, no se había alcanzado un comportamiento con una mínima tendencia asintótica. Como no podía ser de otra forma, el informe final del laboratorio concluía reflejando la extrema expansividad del relleno, desaconsejando su uso y su inmediata retirada.


A la vista de los resultados se procedió a demoler parcialmente los muros, se extrajo todo el volumen existente de relleno y se sustituyó por un material químicamente estable. Posteriormente se reparó la grieta del forjado de playas. Nunca más ha aparecido ningún otro indicio de patología en el edificio.

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