El puente de Brooklyn... y de Emily Roebling


En el día internacional de la mujer en la ciencia queremos acercarnos a una pequeña gran historia relacionada con el archiconocido puente de Brooklyn; un puente que nunca hubiera podido concluirse sin la abnegada labor de una gran mujer: Emily Warren Roebling.


En la década de 1860 Brooklyn y la isla de Manhattan eran dos distritos completamente separados en la ciudad de Nueva York. La idea era conectarlos por vía terrestre para evitar que los ciudadanos que trabajaban en la isla tuvieran que recurrir al peligroso ferry que realizaba este trayecto; de esta manera la municipalidad de Nueva York sacó a concurso el diseño de un puente que uniese ambos núcleos. El puente fue diseñado por la ingeniería de John Augustus Roebling que, aparte de diseños propios anteriores, ya había estado involucrada en la construcción de puentes colgantes de menor entidad en distintos estados norteamericanos, incluyendo el puente colgante de Waco (Texas) que sirvió como referente del puente de Brooklyn.


La construcción del puente comenzó el 3 de enero de 1870 y estuvo repleta de incidentes y contratiempos. El más grave, aparentemente, fue el accidente sufrido por el ingeniero jefe. J. A. Roebling se fracturó un pie al chocar el ferry en el que viajaba contra un muelle; semanas más tarde fallecería como consecuencia del tétanos a causa de la amputación de los dedos del pie. Su hijo Washington se hizo cargo de la construcción durante un tiempo para protagonizar, poco después, otro de los contratiempos al enfermar de gravedad.


Washington Roebling estudió concienzudamente la ejecución de cajones neumáticos de cimentación para puentes, y lo hizo de manera tan entregada que incluso contrajo el llamado síndrome de descompresión o “enfermedad de los buzos”. De esta manera se vio obligado a permanecer postrado en su cama. Y parecía lógico pensar que si Washington no podía supervisar los trabajos del puente, ni reunirse con los constructores, ni dirigir las obras, era cuestión de tiempo que el proyecto terminara por encallarse.



Fue entonces cuando su esposa, Emily Warren Roebling, dándose perfecta cuenta de la situación crítica a la que se había llegado decide asumir personalmente el mando de la construcción. Aprendió nociones básicas de ingeniería que le enseñó su marido y día tras día se encargó de liderar la construcción, comunicando sobre el terreno las instrucciones que le indicaba su marido y resolviendo los innumerables problemas que iban surgiendo durante la ejecución.


Emily fue la primera persona en cruzar el puente cuando se inauguró en 1883, llevando un gallo con ella como signo de victoria. En la ceremonia, el entonces alcalde de Nueva York, Abram Stevens Hewitt, subrayó la importancia de la labor de Emily Roebling, dedicándole estas palabras:

Es un monumento [el puente de Brooklyn] a la sacrificada devoción de una mujer y a su capacidad para la educación superior, de la cual ha sido largamente excluida.

Una placa situada en una de las torres del puente recuerda de manera imperecedera la memoria de Emily Warren Roebling.



Finalmente, y a modo de curiosidades, compartimos algunos datos de este gran puente:

  • Fue construido entre 1870 y 1883 y, en el momento de su inauguración, fue el puente colgante más grande del mundo. Ostentó este honor durante 20 años. La longitud del puente alcanza 1825 metros, y la luz entre pilares es de 486,30 metros.

  • Durante su construcción fallecieron 27 personas.

  • La compañía circense del empresario P. T. Barnum decidió realizar un desfile con 21 elefantes para que caminaran por la estructura y comprobar su resistencia. El experimento fue exitoso y el público volvió a utilizarlo tras divulgarse una falsa alarma sobre su capacidad resistente.

  • Tras la apertura se cobraba un peaje de 1 penique para cruzarlo, con la intención de cubrir la deuda de los $15.1 millones que se gastaron en su construcción, cifra que se duplicó según el presupuesto inicial.